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La dictadura de la felicidad

“Piensa positivo”, “venimos al mundo a ser felices”, “ser feliz es una decisión”, “todo sucede por una razón”, “tienes que pasar página”, “sonríele a los problemas”, “deja de pensar tanto”, “no seas tan sensible”, “tienes que superarlo”, sé la mejor versión de ti”, “no te conformes con poco”, “sé un ganador”, “hagas lo que hagas, no te olvides de ser feliz".

Y hay más de donde salieron esas. Las podemos encontrar en las tazas, las paredes de gimnasios, playeras, saliendo de la boca de coaches, en las imágenes de Piolín que mandan familiares en los grupos de what´s app y actualmente, sobre todo, en redes sociales. Si buscamos en Google algo como “frases motivadoras”, aparecen similares, pero ¿realmente motivan a la acción o solo causan una sensación momentánea de placer?, ¿realmente son útiles?, ¿qué peligros pueden esconder?

W. Q. Elaine Perunovic, Joanne V. Wood y John W. Lee, psicólogos (2009), realizaron un estudio que consistió más o menos en lo siguiente: a dos grupos, uno con una adecuada autoimagen y otro con autoestima baja, se les pidió que repitieran frases como las puestas en el primer párrafo, se evaluó el estado anímico de los participantes. El resultado fue que el segundo grupo, el de la baja autoestima, experimentó sensaciones más displacenteras en comparación a antes de iniciar con el estudio. Se concluyó que estás frases los hicieron ser más conscientes de sus conflictos y limitaciones, no se podían autoengañar.

Si bien, podríamos decir que este tipo de pensamiento surgió (por una mala lectura) de psicólogos humanistas como lo fueron Abraham Maslow y Carl Rogers, y, posiblemente, una extra polarización de la psicología positiva que desembocó en libros de autoayuda, actualmente se han presentado algunos psicólogos, como los del estudio ya mencionado, que han cuestionado las ideas del pensamiento positivo.

Por ejemplo, en su libro: Resisting the Self Improvement Craze (Mantenerse firme: resistir la locura de la superación personal), Svend Brinkmann, habla sobre como la felicidad podría no ser la respuesta a ciertas situaciones de la vida, en ocasiones, ante circunstancias difíciles, dolorosas o conflictivas, es deseable, importante y necesario permitirnos tener pensamientos y sentimientos displacenteros. Es decir, si nos imponemos el estar bien, ante cualquier circunstancia, estaremos negándonos la posibilidad de vivir ciertas emociones como el miedo, el enojo y la tristeza, que son naturales en nosotros; si las minimizamos, estaremos, primero, perdiendo la oportunidad de ser conscientes de cierta información que nos podrían proporcionar para nuestro desarrollo y, segundo, en la medida en que detengamos estas emociones, se bloquearán, también, las emociones placenteras como la alegría.


En nuestra cultura occidental la felicidad se ha vuelto un requisito para ser aceptado por los demás en nuestros diferentes contextos, hay que mostrar la buena cara, la sonrisa, y no vaya a ser que cometas el crimen de mostrarte mal o responder que estas enojado o triste cuando te preguntan por tu estado de ánimo. Pareciera una dictadura de la felicidad, donde se intenta controlar el pensamiento y/o el estado de ánimo. Aquí muchas veces aparece el coaching, con ideas superficiales y que pretenden que calcen como anillo al dedo para todas las personas: ¡las 5 formas de ser más productivo en el trabajo!, ¡3 maneras de ser feliz según la filosofía!, ¡10 pensamientos para que tu día sea mejor! Felicidad de microondas, ¡que bazofia! Como dice Juan Carlos Siurana: "ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento para una enfermedad".

Así como Svend Brinkmann, Carla Barcelona, psicóloga, ha hablado acerca de los peligros sobre la positividad como una imposición o auto imposición. Cuando sucede, es una expectativa que generalmente es muy alta, se piensa, malamente, que siempre o casi siempre hay que estarlo, pero no es posible, y, además de rechazar las emociones displacenteras que nos pueden enseñar o incluso prevenir de algo (como el miedo), se puede caer en idealizar la alegría y no sentirse satisfecho nunca, y sentirnos culpables si sentimos otras emociones que están prohibidas. Esto, dice Daniel Palacino, puede llevar, en casos graves, a trastornos de ansiedad o alimentación.

Que no se entienda esto como pesimismo, también es importante vivir las emociones placenteras, y muchas personas no lo hacen. Además, considero que algunas frases pueden ser una semilla para despertar el interés, o animarse a la acción o darse cuenta de algo. El problema, es que es difícil que las personas se den cuenta de cuáles pueden ser útiles y cuáles no, hace falta bastante criterio, y, sobre todo, uno de los conflictos más grandes, es que este (falso) positivismo se ha vuelto una alternativa a la terapia, y ante un conflicto, se recurre mejor a la “psicología de microondas”, o la frase de Piolín.

El estudio mencionado no terminó ahí, cuando se les invitó a los participantes del grupo con baja autoestima expresar su enojo, tristeza y ansiedad, su estado de ánimo, por su puesto, mejoró.

“No es posible despertar de la consciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que sea, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”. Carl Gustav Jung

 

Referencias

Positive Self-Statements. Power for Some, Peril for Others

El peligro del pensamiento positivo: "Ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento"

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